"Yo comí eso de niño y estoy bien": ¿seguro?
POR María Rita Rodríguez Luna
27/10/2026
Lo oigo mucho en consulta: "yo merendaba bollería todos los días y aquí estoy". Y es verdad que la mayoría de quienes crecimos con galletas y refrescos estamos bien. Pero ese razonamiento tiene dos trampas.
Primera trampa: la comida ha cambiado
Hace treinta años, los productos ultraprocesados eran un capricho. Hoy son la base de la dieta de muchos niños: en España aportan alrededor de una cuarta parte de las calorías que se compran en los hogares, y en Estados Unidos o México bastante más. Las raciones son más grandes, hay más azúcar en productos que antes no lo llevaban (pan de molde, tomate frito, cereales "infantiles") y los niños pasan más horas sentados.
No comparamos la misma infancia. Comparamos una infancia con ultraprocesados ocasionales con otra en la que son diarios.
Segunda trampa: "estoy bien" no se ve a los 30
La obesidad, la diabetes tipo 2, el hígado graso o la hipertensión tardan años en dar la cara. Que hoy no tengas síntomas no quiere decir que tus arterias o tu hígado no lo noten. Y las cifras lo confirman: en la última década, la obesidad infantil se ha convertido en uno de los mayores problemas de salud pública en España, en México y en casi todo el mundo.
Qué sabemos de los ultraprocesados
El estudio más citado es un ensayo de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU.: a los mismos adultos se les dio durante dos semanas una dieta ultraprocesada y durante otras dos una dieta mínimamente procesada, con el mismo azúcar, grasa y fibra disponibles. Con la ultraprocesada comieron unas 500 kcal más al día y ganaron peso, sin darse cuenta [1]. Son productos diseñados para comerse rápido y sin saciarse.
En niños, los estudios de cohortes asocian un mayor consumo de ultraprocesados con más grasa corporal en la adolescencia [2]. Asociación no es causa, pero la dirección es coherente.
Lo que sí puedes hacer
- Cambia el desayuno y la merienda: es donde más ultraprocesados entran. Fruta, yogur natural, pan de verdad con aceite o queso, frutos secos (enteros solo a partir de los 5 años).
- Agua como bebida habitual. Los zumos y refrescos, para ocasiones.
- No prohíbas, organiza: los dulces pueden existir sin estar en la despensa todos los días.
- Cocina lo básico: una tortilla, unas lentejas o un salteado no llevan más tiempo que calentar un precocinado.
- Da ejemplo: los niños comen lo que ven en casa, no lo que se les dice.
Lo que me gustaría que te quedara
No se trata de culpar a nadie por lo que comió de pequeño. Se trata de reconocer que el entorno ha cambiado y que lo que para nosotros fue una excepción hoy es la norma. Nuestros hijos merecen que lo tengamos en cuenta.
Fuentes
- [1] Hall KD et al. Ultra-processed diets cause excess calorie intake and weight gain. Cell Metab. 2019;30(1):67-77.
- [2] Chang K et al. Association between childhood consumption of ultraprocessed food and adiposity trajectories in the Avon Longitudinal Study of Parents and Children birth cohort. JAMA Pediatr. 2021;175(9):e211573.
- Latasa P et al. Added sugars and ultra-processed foods in Spanish households (1990-2010). Eur J Clin Nutr. 2018;72(10):1404-1412.
Este artículo es informativo y no sustituye una consulta médica personalizada.